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Santa Teresa de Jesús

Este año (2015) se cumplen 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, fundadora de las carmelitas descalzas, y doctora de la iglesia católica. Con esta celebración se reabre el debate sobre la enfermedad que padecía, aunque tratar de explicarla sería como tratar de reducir su misticismo a un fenómeno patológico.

Vivió en España del siglo XVI, su madre falleció cuando tenia 13 años, y a los 16 años su padre la ingresó, en contra de su voluntad, en el convento de Nuestra Señora de Gracia, para mejorar su educación y para alejarla de conductas inapropiadas, aunque a los 20 años de edad ingresó al monasterio de la Encarnación para hacer de esta su profesión definitiva. 

A un año de su ingreso al monasterio sufrió una enfermedad febril, la cual hasta la fecha se desconoce la causa, pero se ha especulado sobre la probabilidad de brucelosis o cisticercosis, entre algunas teorías. Estas explicaciones surgen al tratar de descifrar las descripciones que nos dejó Teresa de Jesús en sus escritos, y actualmente la teoría mas aceptada es que se tratara de una enfermedad epiléptica .

Santa Teresa relató de forma extraordinario los “arrobamientos” que la llevaban al éxtasis en su autobiografía.

La biografía de su enfermedad se puede dividir en tres períodos. Un primer período que abarca de los 17 a los 24 años, cuando presentó una encefalopatía, e incluso fue dada por muerta y hasta amortajada; un segundo período que se caracterizó por presentar eventos paroxísticos diversos, y uno tercero a partir de los 43 años hasta su muerte, en que presentaba crisis de éxtasis.

Relato de Santa Teresa de Jesús.

“Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aún harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento.”

Hay personas con epilepsia geniales a lo largo de los siglos, en el caso de Santa Teresa no podemos afirmar que se tratara de epilepsia, pero sí que su grandeza de espíritu le permitió continuar a pesar de la enfermedad y hasta alcanzar la santidad.