Ultramaratón Coahuila Garmin: una fiesta de trailrunning para disfrutar año con año.

Convivir con los cuatro elementos, es nacer.

Días antes de la carrera, hubo fuego y el fuego sin aire no es. También en este caso, el fuego fue en la tierra y sin agua no hubiéramos podido avanzar.

Esta carrera fue la unión de los cuatro.

Así como la combinación de los cuatro elementos, dentro de mi se pueden combinar las emociones con los pensamientos y los impulsos con las necesidades. El caso es buscar el equilibrio y a veces, llevar al límite mis elementos, para iniciar una reacción en cadena que termine con el feliz cansancio de la meta cumplida.

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El Ultramaratón Coahuila Garmin es uno de mis favoritos, particularmente porque es una excusa perfecta para pasar unos días en Torreón (mi ciudad natal), al norte de México. Allá en el desierto estaba mi familia esperando a que yo llegara para acompañarme en esta aventura.

En esta ocasión, Zoar no alcanzó inscripción (pero seguro que el año que viene la tenemos corriendo por tierras coahuilenses). En un principio, sería mi papá quien me ”acompañaría” en este reto, pero al final le cedió su número a mi hermana Laura, quien entonces correría sus primeros 12 kilómetros en montaña. Yo fui por 29.

Salimos de Torreón un día antes de la carrera, a media mañana, para llegar a comer a Saltillo. Ahí vimos a mi tío Salvador y recogimos las llaves de la casa de la familia Álvarez Ramírez en la que se hospedarían Laura (con su familia) y mis padres. De ahí partimos hacia Arteaga, directamente a Bosques de Monterreal para recoger los kits de corredor.

Así la recepción de documentos. Foto: @ultracoahuila

Cabe mencionar que la organización fue bastante estricta en cuanto a los requisitos para la entrega de kits: en uno de los stands del área de registro entregamos el certificado médico y el comprobante de inscripción para que nos dieran acceso a otro stand en el que nos entregaron el número con chip y otro chip más para el tobillo. En la parte superior de la cabaña estaban varias personas del staff revisando el equipo obligatorio. Finalmente, entramos a la Junta de Competidores, donde se dieron los pormenores de los recorridos (100k, 50k, 29k y 12k) e incluso nos hablaron de qué hacer en caso de toparnos con un oso o un puma.

Junta de competidores. Foto: @ultracoahuila

Nos advirtieron que ciertos lugareños estaban moviendo las señalización, pero que no nos preocupáramos, pues el staff estaría al pendiente de todos los corredores. La ruta estuvo marcada con piedras, señalizaciones y banderines. Tendrías que ser muy distraído para perderte.

Al igual que el año pasado, me hospedé en la Posada de la Tía Kika, que Lucía Berlanga atiende espléndidamente. Ella es como una mamá gallina para nosotros, sus huéspedes-corredores y se preocupa hasta por la hora en la que vamos llegando a descansar para que no nos durmamos con el estómago vacío. Todas las habitaciones estaban llenas de corredores, un grupo de personas de Veracruz que venía a correr los 12k, Samuel Terrazas, quien corrió los 100k y Claudia Sales, gran atleta mexicana que hizo el reto de las 100 millas.

Lucía no dormiría esa noche, ya que se quedaría pendiente de la hora de llegada de Samuel, pues tenía que pasar por él al momento de finalizar su competencia de 100k (llegó a la meta a las 3 de la mañana).

Después de la carrera, al anochecer (mientras ella se ocupaba de hacer una mermelada de durazno), estuvimos platicando sobre otras carreras de trail y destinos mexicanos a visitar, junto con el grupo de corredores de Veracruz.

Como siempre, la noche anterior a la carrera es un combinación de nervios por levantarte temprano, que no se te olvide nada, y la emoción de iniciar el recorrido, disfrutar el paisaje y llegar a la meta, de preferencia mejorar tus propios tiempos y llegar en buena forma, “entero”.

La competencia comenzó en Bosques de Monterreal en punto de las 8 de la mañana, lo cual me pareció un poco tarde para un lugar tan soleado. Sentía seguridad en que iba a hacer bien el recorrido porque me había preparado para ello. Estuve pensando en mi tiempo y preparación del año pasado, en el que había hecho más recorridos de alta montaña que en este semestre y tenía mejor condición física, pero aun así, confié en mi entrenamiento y sobre todo en que había corrido 30 kilómetros tres semanas antes en el Desierto de Los Leones. También iba preparada para el cambio de ruta, que esta vez hicieron más técnica y ruda.

En recorrido. Foto: Pita Hernández

Me topé con todo tipo de caminos: pavimento, piedra, terracería, tierra y por algunas partes puro cerro.

Los primeros 5k fueron de ascenso. Subimos por caminos marcados en la montaña, que se fueron convirtiendo en veredas; el terreno estaba lleno de piedras pero se podía correr muy bien.

El primer abastecimiento estaba en el kilómetro 9, el cual se repetía en el 14 al darle la vuelta por un sendero. En el kilómetro 19 había un tercer abastecimiento (donde siguiendo la tradición norteña, nos dieron de comer burritos de papa): “La confusión”. En este se juntaban las rutas de 29k, 50k y 100k y además era un checkpoint para los corredores de 29k, pues nos habían dado un tiempo límite de 5 horas para llegar hasta ahí.

A pesar de que ya veía que no iba a hacer el tiempo que tenía previsto para terminar un 29k en Arteaga (en la edición del 2016 hice 4 horas con 18 minutos), esta vez no me enojé conmigo misma. El recorrido fue más técnico y hubo dos ascensos importantes: uno por la altura alcanzada y el tiempo que nos llevó, y otro en el que ya era la 1 PM y ascendíamos con una temperatura de más de 30ºC bajo el sol.. estábamos realmente agobiados. Este último ascenso fue el que más me costó, pues no tenía en mente que llegaría a ser tan exigente.

Foto: Pita Hernández

Definitivamente fue una mejor ruta para dar lo mejor de sí, con paisajes espectaculares al llegar a la cota más alta, que alcanzó los 3438 msnm.

A diferencia del último trail que hice, esta vez la libré y no me caí (aunque tropiezos hubo muchos). En la meta se encontraba mi familia, así que fue muy emocionante llegar y que gritaran mi nombre.

En la meta.

Como desde hace dos años varios de mis amigos y yo corremos con causa, esta carrera no fue la excepción. Está dedicada a todas las personas con epilepsia y a sus familiares, lo cual es una motivación extra en los momentos más demandantes, ya que corremos por aquellos que no pueden hacerlo y para sacar a la epilepsia de las sombras.

Texto para Tierra de Volcanes

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