Mi historia es corta, creo yo.

El día de mi primera convulsión, tenía 11 años e iba en sexto de primaria, ese día estaba muy emocionada ya que el colegio nos llevaría a visitar un asilo de ancianos y tenía muchas ganas de convivir y conocer todas las historias y años de sabiduría que se refugiaban en aquel lugar, también iba muy contenta pues nos dejaron llevar los tenis que nosotros quisiéramos (el colegio nos exigía usar sólo tenis color negro) yo escogí unos tenis rojos que mi hermana me regaló (heredó) y me encantaban.

Mi salón de clases quedaba en el tercer piso, mi asiento era en la primera fila en la última butaca.

El maestro nos dio indicaciones de como sería nuestra visita al asilo, nos dijo que preparáramos nuestras cosas pues ya nos íbamos, lo recuerdo perfectamente como si me acabara de suceder, me paré de mi butaca para alistar mis cosas y me di cuenta que mi agujeta estaba desabrochada, me agaché para atarla y antes de terminar de hacerlo empecé a ver una pequeña estrella de colores que me  brincaba por todos los lados que volteaba a ver, ya hacía tiempo atrás que varias veces la llegué a ver y en mi ignorancia de no saber que era esa estrella de colores, me ponía las manos en lo ojos y me apretaba fuerte hasta que desaparecía, eso creía yo, que desaparecería pero no sabiendo que me estaba avisando algo.

Me paré como pude y me senté en mi butaca, me puse las manos en los ojos y comencé a apretarme, pensado en que en cualquier momento se iría y me dejaría continuar con mi vida. Error. Ya no se fue. Comencé a convulsionar. Perdí el control de mi propio cuerpo. Abrí los ojos, lo primero que pude ver con la vista nublada, mareada e intentando pensar en que era lo que estaba pasando, vi a mi maestro Mariano, gritando mi nombre: “SARAI, SARAI, SARAI”.

Me cacheteó dos veces y yo no sentí nada, estaba acostada en el suelo junto a unos estantes de libros, lo veía todo borroso y con mucho movimiento, por fin pude captar lo que me preguntaba, que si conocía a esa persona, volteé a mi izquierda y de igual manera borrosa vi una figura entrando por la puerta del salón, mi maestro me seguía preguntando qué quién era ella, que le dijera su nombre y lo único que pude contestar fue: es… mi… tía, me sentía demasiado cansada para hablar, después ya no recuerdo, todo se borró.

Me cuentan que fue la ambulancia por mi y me llevaron a urgencias, ese mismo día me dieron de alta ya era noche, llegamos a mi casa mis papas y yo, estaba en la sala con la familia que me fue a visitar cuando de pronto, otra vez, otra vez esa estrella de colores, mi aura, mi aviso de que me prepare, mi más grande miedo.

Hoy tengo 24 años, no convulsiono tan seguido, pasan meses incluso han pasado un par de años sin que tenga una crisis, llevo una vida normal, a veces con miedo de que me pueda suceder en cualquier momento pero no me detiene, sigo adelante, disfrutando cada momento sea como sea, veo casos de personas o niños con epilepsia mucho más fuerte, trato de estar bien informada acerca de esta enfermedad aunque hablo muy poco de ello frente a otros, me da un poco de pena pero tengo que hacerlo es por mi bien y para que los demás estén prevenidos si me llegará a pasar frente a ellos.

Cada día sigo aprendiendo a vivir con mi epilepsia y a controlar mi aura, mi más grande miedo.

Autor: Sarai

 

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