Soy líder institucional en Danzalud, pedagoga, educadora somática, maestra terapéutica y cocinera y acompaño a personas con epilepsia y personas cuidadoras a conectarse con la posibilidad de crear bienestar a pesar de las tormentas.

Tomé la decisión de cambiar mi forma de alimentarme porque sentí que mi cuerpo estaba agotado y sufría cada vez que se movía, sólo bastó un instante de conexión con mi cuerpo y escucharlo para lanzarme a la aventura.

A lo largo de mi vida conocí muchas formas de alimentación, prácticas de autocuidado y de movimiento que practicaba por temporadas sin llegar a sostener una por más de varios meses. Comencé la dieta cetogénica como un regalo de una amiga que me dio acceso a un acompañamiento de un asesor nutricional y pude identificar que mucho de lo que había aprendido durante muchos años se reunía en esta forma de nutrir mi cuerpo. Redescubrí que no se trata de poner atención en lo que no se puede comer, sino en lo que realmente nutre cada una de mis células.

Decidí hacer la dieta cetogénica porque mucho de lo que venía en la dieta me gustaba y que era accesible en todos los sentidos, fácil de comprar, fácil de cocinar y fácil de comer. Comencé a leer libros, ver vídeos y leer artículos científicos y lo primero que aprendí es que hay diversas formas de aplicar este tipo de alimentación a nuestras vidas dependiendo las necesidades de cada persona.

Hay dietas cetogénicas terapéuticas que tienen que ser llevadas no sólo por un experto, sino en un hospital y que son especiales para personas con enfermedades neurodegenerativas y epilepsia en donde el conteo de carbohidratos se reduce casi a cero y la ingesta de grasas es mayúscula.

Otros protocolos de dietas cetogénicas que son llevadas por un asesor nutricional como la que yo, y son para personas con enfermedades metabólicas como diabetes, obesidad, hipotiroidismo o cualquier enfermedad autoinmune para ello se necesitan estudios de laboratorio, planes alimenticios y algunos suplementos nutricionales.

Y por último, las que sugieren que es un estilo de vida, es decir, que se puede hacer de forma intuitiva y que no tiene que ser acompañada por un especialista, sino, de manera informada elegir que alimentos consumir y no supone ser una herramienta médica.

En lo personal he transitado entre ser acompañada por un asesor y una versión más intuitiva. De cualquier manera ha sido un beneficio para mi salud, mi forma de ver la vida y mis relaciones.

La forma de nutrirnos y valorar si lo que nos ponemos en la boca es realmente un alimento o no, es crucial en cualquier tipo de dieta.

Mi energía comenzó a incrementarse, sentí una sensación de satisfacción muy rara y comencé a disfrutar de manera distinta los alimentos. Al principio no tuve ningún problema de dejar los refrescos, alimentos industriales, pan, maíz y una larga lista de alimentos que en realidad sólo me hacían sentir una falsa sensación de bienestar y es que realmente casi todos los “alimentos” industrializados prometen nutrirnos pero en realidad cualquier alimento que sea creado en masa, con ingredientes refinados y hechos por máquinas monumentales no puede ser algo que nos beneficie. Mi cuerpo comenzó a cambiar de forma inusual y positiva, algunos dolores se fueron y también algunos medicamentos. La apuesta de la mayoría de las dietas cetógenicas es necesitar menos cantidad de alimentos y menos veces al día pero con alto nivel nutricional y es así como comencé a conocer una práctica milenaria que me ha servido para mejorar mi salud, composición corporal y mi día a día llamada “ayuno”, nuevamente me gustaría mencionar que lo mejor es acompañarse por un profesional en estos temas para que no dañemos nuestro cuerpo y sea una herramienta que pierda valor.

En mi experiencia la calidad de vida mejora cuando algo puede sostenerse en el tiempo y para ello se necesitan que las prácticas sean sencillas y accesibles en todo momento. Mi vida mejoró porque aprendí a comer alimentos altos en nutrientes y no industrializados, aprendía a comer sólo cuando tengo hambre, cocinar simple pero delicioso, aprendí que lo que nos ayuda a sanar nuestras heridas corporales como son las enfermedades, es conectarse con el movimiento como una caminata, con el sol, valorar nuestros espacios de descanso como valoramos los medicamentos que tomamos o cuando recibimos atención médica por un especialista. Conexiones y acciones tan simples pero tan olvidadas por la forma en la que vivimos en el presente.

El apoyo familiar es muy importante pero no es vital si tienes la sincera intención de transformarte. Sin lugar a dudas cuando tu manada se encuentra viviendo de otra manera la tendencia es seguir lo que la mayoría, pero si los hábitos familiares te llevan a la destrucción de ti misma, el conectarse realmente con la sobrevivencia te lleva a tomar decisiones para que tu nueva forma de vivir resista a cualquier tormenta. La resistencia no se crea por ser tiranas con nuestro propio cuerpo, se logra tratándolo con cariño, ternura y paciencia; sin culpa, sin castigos.

Si quieres intentar cambiar tus hábitos alimenticios no sólo decidas cambiar lo que comes, sino, agregar nuevos hábitos como salir a tomar el sol, hacer una caminata a solas, darte la oportunidad de dormir más de 6 horas en un ambiente sólo para ti. Esos cariños apoyarán tus cambios nutricionales.

Hay muchas opciones para comenzar desde eliminar de tu día a día productos industrializados y elegir entre animales y sus derivados como la carne y las vísceras como hígados, corazones, el pescado, el pollo, huevo sin tenerle miedo a sus grasas naturales o a base de plantas y aceites de alta calidad nutricional hasta ser acompañada por asesores certificados en dietas cetogénicas terapéuticas.

¿Qué es lo que hay que re aprender en este tipo de dieta o estilo de vida?

Las grasas saludables que provienen de fuentes naturales no engordan y no son malas. Dormir, tomar el sol y moverse es tan importante como comenzar una dieta.
Comer bien sale más barato que comer mal.
Puedes comer muy bien sólo comprando en el mercado de tu colonia.

Los alimentos básicos para cocinar como los aceites y la sal es lo más importante para cocinar de manera cetogénica.
Las frutas que se cultivan de forma industrial no son fruta.
La respiración también nos ayuda a nutrirnos.

Se puede disfrutar comiendo aún estando a dieta. La comida nos debe mantener fuertes y flexibles.

Datos de contacto de la autora:
Facebook: Malina Álvarez

Instagram: monicapuente7

Correo: asesoriapedagogicadanzalud@gmail.com

Fuentes de consulta:

Vida potencial: ​https://www.youtube.com/channel/UCqr_3TNTTN_pyRa-o-1khgA
Dr. Herández: https://www.youtube.com/channel/UCE6Nokyc-_OVy_U52q_7kEQ

Functional Female Force: ​https://www.youtube.com/channel/UCSVrbTBEsXLXlWa-tk3Vpog

Diet Doctor: https://www.dietdoctor.com/

Autores:
Dr. Jason Fung Enfermera Bitten Jonsson, Dra. Isabel Belaustegui

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