¿Se notará mucho? ¿Hasta dónde podrá desarrollarse? ¿Le funcionarán las medicinas?

Así empiezan muchas pesadillas después de haber iniciado un viaje por este sendero acompañado de la epilepsia.

Nunca olvidaré la fecha exacta en que tuvimos que agendar una cita para hacer un electroencefalograma, que es un estudio que parece sacado de una película de ciencia ficción; conectan electrodos en la cabeza para algo que podría traducirse como leer la mente, en realidad lo que hace es leer específicamente la actividad eléctrica del cerebro y así poder diagnosticar diferentes enfermedades.  

Yo veía la pantalla que traducía la información y en ese momento, a pesar de mi preparación académica, no entendía nada, estaba bloqueado.  Pero sólo fue cuestión de conectar la sospecha con los resultados para averiguar que esa cabecita albergaba un huésped muy incómodo, un monstruo en el armario del cerebro, que está ahí pero no lo hemos podido ver con claridad. 

Era época de una película animada sobre dragones. Me encantó como el protagonista a pesar de lo que opinaba su gente, se acercó de frente al enemigo y lo transformó en amigo e incluso aprendió a trabajar con él y aprender a volar. 

¡Fue la primera película que vio mi hija en el cine y vaya que le gustó! 

Fue tanta nuestra emoción de verla así de feliz, que decidimos que su cumpleaños número uno fuera con esa temática.

Una prima nos ayudó a pintarnos el rostro con dragones, hubo pastel, piñatas y felicidad. Cumplió un año y para un ojo experto no se escapan los detalles del desarrollo “normal” de un niño, así que para algunos, ya se notaba el problema. Para otros tantos, pasaba inadvertido, para nosotros, comenzaba esta aventura que combina por igual la tragedia, la sensibilidad, la felicidad, el aprendizaje, la resiliencia y el enojo, entre otros ingredientes.

Ella no nació en Kryptón, 

sin embargo, se fortalece con el sol amarillo. 

Ella no puede volar, 

sin embargo, me despega del suelo. 

No posee una visión de rayos X,

pero puede ver perfectamente a través de mí. 

Tal vez no puede cargar un tren en movimiento, 

pero ha movido al mundo entero a su merced. 

Tal vez no sea un superhéroe de novelas gráficas, 

pero para mí no hay un ser más maravilloso que ella. 

Yo no aspiro a ser un superhéroe, 

pero por ella haría cualquier cosa. 

No soy un superhéroe,

pero su enfermedad es mi kryptonita. 

Ella me ha enseñado el verdadero significado de ser súper poderoso, 

de tener una fe sin límites. 

Para mí, ella es una súper chica.

Juan pedro martinez

Autor: Juan Pedro Martínez 

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